Parece que este año el ciclo de la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) se está adelantado debido a que no estamos teniendo un invierno demasiado frío.
Las orugas procesionarias pasan los meses más fríos en sus nidos, esas bolsas de seda que vemos en los pinos, en las que se resguardan del frío.

Mientras están en sus nidos, se alimentan de las acículas de los pinos, causándoles daños y provocando que se sequen y caigan.
A finales de invierno, cuando las temperaturas ya no son tan bajas, las orugas empiezan a descender de los árboles al suelo y eso lo hacen en hilera, dándole su característico nombre de ‘procesionaria’.
Este momento es en el que es importante llevar cuidado, especialmente si vamos con animales domésticos. Al contacto con la piel, los pelos urticantes de las orugas producen urticaria y alergias y hay que actuar con rapidez y llevar al animal a un veterinario.
Hay varias formas de tratar con la plaga de orugas procesionarias, ya sea mediante insecticidas, mediante trampas de feromonas o eliminando las bolsas de forma controlada. No obstante, esto es una labor que debemos dejar a los profesionales y nunca debemos tocar o manipular las orugas o sus nidos por nuestra propia cuenta.
Cada municipio suele contar con sus propios métodos y concretamente, el Ayuntamiento de Alcoy avanzó la campaña de procesionaria del pino al pasado verano para lograr una mayor efectividad.
De esta forma, el municipio y todas sus zonas verdes estarán prácticamente libres de orugas esta temporada. No obstante, hay que mantener la vigilancia en parcelas y propiedades privadas, así como en el monte, para evitar consecuencias indeseadas.




